domingo, 2 de agosto de 2015

Salpicón con restos de atún de almadraba

Qué verdad más grande es esa de que pueden salir (y salen) magníficas recetas de #dondemenosteloesperas. Ayer compré en La Plaza del Carmen de Huelva una estupenda pieza de lomo de atún rojo de almadraba de Isla Cristina, con idea de hacer el tataki con sésamo y manzana que borda mi amiga Cristina. La pieza era buenísima así que, lógicamente, valía un ojo de la cara. Pero después de parlamentar con el responsable del puesto de pescado (ir a los mercados los sábados por la mañana, y ser amable y respetuosa con el personal, tiene estas cosas) conseguí que me vendiera la mitad del lomo a un precio muy razonable, después de sacarle unos filetes de #caerte2lagrimones para la amiga con la que estaba buitreando por la plaza. El caso es que me llevé algo menos de 1 Kg de atún a muy buen precio, en una pieza, rojo, precioso, pero... con los bordes cortados longitudinalmente. Llegué a casa, cuadré el trozo de lomo "prescindiendo" de los dos bordes, y lo congelé 24 horas por aquello del pescado semi-crudo (era para un tataki) y el anisakis. Que os confieso que no sé si la cosa es para tanto pero, por si acaso... El caso es que mi objetivo era el tataki de atún, y los restos pues... de entrada como que me daban igual. Pero nos los iba a tirar, así que improvisé esta receta de aprovechamiento, que me ha encantado y que quiero compartir con vosotros. La pienso volver a hacer muchas más veces, pero no como algo secundario a otra receta más noble sino en sí misma, directamente, porque me parece todo un hallazgo. Vamos a ello. 

Hay que darle un par de vueltas en la plancha/sartén, muy caliente, a los restos de atún incorporando, directamente en la plancha/sartén, algo de sal gorda. No recomiendo hacerlos mucho, queremos que queden jugosos. Cuando estén, se los deja reposar un rato.


Mientras pierden el golpe de calor, se hace la base de todo salpìcón (o picadillo, como también se le llama) que se precie: pimiento verde, cebolleta y tomate (como siempre que puedo, he usado tomate rosado de Aracena), picados en una burunoise no demasiado fina: me encanta el salpicón "del señorito", con trozos muuuuy pequeños y de bocado, pero con atún fresco salen unas lascas muy hermosas y contundentes que buscan eso, contundencia. Así que recomiendo trozos pequeños pero reconocibles. Vamos, esto:

     
Cuando los trozos de atún hayan templado y reposado un rato, se pasan a la tabla y se trocean/desmigan groseramente y sin demasiados miramientos:



Solo queda mezclar las lascas de atún con el salpicón y aliñar el resultado con un aceite de oliva virgen extra (el AOVE de vuestra zona que tengáis a mano seguro que estará bien, pero que sea bueno), un BUEN vinagre (por favor, NO os carguéis este recetón con liquiduchos transparentes... gastaos un par de euros más y ennobleced vuestra cocina con un vinagre como Dios manda), y sal gorda


Creedme, el resultado es de 10. Bueno no, de 20 ;) ¡Y eso que el objetivo era otro, y esto ha sido una sorpresa #dondemenosteloesperas!!!!!! Dentro de 10 días me voy de vacaciones con mi familia; estoy deseando hacerle esta receta a mi padre y a mi hermano Mariano, auténticos devoradores de cualquier salpicón fresquito que se les ponga por delante :)

domingo, 5 de julio de 2015

Ensalada de espinacas, nueces y roquefort

Esta ensalada tiene poco que explicar y mucho que disfrutar. Le gusta mucho a mi prima Rocío A-DL y, siempre que la hago, me acuerdo de ella :) Es sanísima y muy sencilla, basta con mezclar espinacas crudas (si vienen grandes, troceadlas un poco), nueces (conviene picarlas, se mezclan mejor con el resto), y dados de roquefort (os recomiendo trocearlo recién sacado de la nevera, si no se os va a desmoronar). Esta base se puede complicar si se quiere, a mí a veces me gusta añadirle champiñones crudos en láminas y/o algo de lechuga. Se aliña solo con aceite de oliva y sal, porque el roquefort tiene un punto lo suficientemente fuerte como para darle nobleza al resultado, prefiero no complicar los sabores con vinagre, pero vosotros mismos. 

sábado, 13 de junio de 2015

Batido verde (green smoothy) de espinacas, pera y plátano

Os contaba hace poco lo contenta que estoy con el descubrimiento de los batidos verdes. Hace muchos años que desayuno frutas y zumos, sobre todo entre semana, porque me levanto bastante temprano y, a esas horas, no soy capaz de tomar nada diferente (salvo uno o dos cafés :D). Así que no me ha costado trabajo incorporar los zumos verdes a mi desayuno, me zampo un par de vasos y la verdad es que me sientan de maravilla. Estoy haciendo diferentes pruebas, y hoy os cuento una que me ha encantado: mezclo en la batidora un puñado hermoso de espinacas crudas, una pera o un plátano (o, mejor, los dos), un puñado de semillas de lino, un golpe de canela, y agua fría.



A diferencia de las pruebas que he hecho de batidos verdes a base de perejil, este no lo cuelo porque, por alguna razón, no queda esa espumilla que me da tanto coraje. Os confieso que este batido verde me gusta incluso más que el de manzana y perejil, aunque intento ir alternándolos... En ambos casos, el resultado es que salgo de casa como una moto y dispuesta a comerme el mundo, ¡ah!, y sin sensación de hambre hasta la hora de almorzar. Una opción sana, rápida y práctica :)

lunes, 4 de mayo de 2015

Pan sin amasado


No sé yo si después de descubrir esta receta se van a acabar mis experimentos panarras... porque definitivamente es la manera más sencilla que conozco de conseguir, en casa, un pan delicioso (intenso, sabroso, resistente, con una miga estupenda) sin prácticamente trabajar nada. La culpa del posible fin de mis experimentos con el pan casero la tiene Alicia, la responsable de A mí lo que me gusta es cocinar, un blog que os recomiendo visitar porque tiene propuestas muy sencillas e interesantes. A mí me ha inspirado muchas recetas, y alguna os la he contado ya. Así que me fío de lo que allí se publica, pero reconozco que cuando leí esta entrada desconfié un poco, no me cabía en la cabeza que se pudiera hacer un buen pan sin amasar... pero os aseguro que si se juega con el tiempo y la fermentación larga, el pan se amasa solo. Literalmente. A partir de su receta he hecho algunas pruebas cambiado algunos detalles y el resultado es alucinante, así que os animo a todos los que le tenéis respeto a hacer pan en casa a que probéis así. Y a que luego lo contéis aquí, claro :)

La idea es empezar el día antes, pero sin complicarse demasiado la vida. Por ejemplo, si queréis hacer el pan por la mañana, la tarde-noche antes se prepara la masa: mezclad 300 grs. de harina panificable (si no la encontráis, usad harina de fuerza), 100 grs. de harina integral, una cucharadita y media de sal, una de levadura seca de panadería, y un puñado de semillas de lino. He probado a aumentar la proporción de harina integral (200 grs. + 200 grs. de la blanca) y también queda un pan muy rico. A la mezcla anterior hay que añadirle los líquidos: un chorreón de aceite de oliva (no es imprescindible, pero me gusta) y 300 grs. de agua. Luego se mezcla todo con una cuchara, sin demasiadas contemplaciones. Vais a obtener una masa bastante líquida (lleva un 75% de hidratación), aparentemente imposible de manejar... pero da lo mismo, os recuerdo que no hay que amasar :) Tapad el recipiente bien y dejad que la masa repose toda la noche, a la mañana siguiente veréis que está burbujeando y ha subido mucho. Si hacéis esta operación de día la masa debe reposar 12-18 horas, si jugáis con el reposo en frío dentro de la nevera, pues más tiempo. Ojo si el reposo es de día y hace calor... se os va. Esta receta requiere tiempo, así que si os da el punto de empezar por la mañana y es primavera o verano, hay que hacer una parte del proceso en la nevera. 




Enharinad la encimera y volcad la masa encima con cuidado, para no romper demasiado las burbujas; como está fermentada, os va a hacer falta ayudaros de algo, por ejemplo una espátula o, mejor, una rasqueta. Poneos también harina en las manos y, con cuidado, recoged los cuatro bordes de la masa hacia dentro, formando una especie de hatillo. Dadle la vuelta con cuidado (de manera que los pliegues queden debajo) y colocad el resultado sobre papel de hornear dentro de un recipiente cuyos bordes contengan en parte el invento, porque la masa es muy líquida y, si no, se aplana mucho (en la foto no se ve muy bien, pero he usado una rustidera mediana). 



Espolvoread por encima con más harina, cubrid con un trapo, y dejad reposar mientras preparamos el horno. Hay que precalentarlo al máximo (250º) metiendo dentro dos cosas: la bandeja del horno y, en la base de éste, un recipiente de metal, para que ambas cosas se calienten mucho. Cuando esté a tope colocad el pan con su papel de horno sobre algo que podáis usar a modo de paleta (yo suelo utilizar una tabla con mango) y depositad el pan y el papel sobre la bandeja con un movimiento firme. Inmediatamente, echad algo de agua en el recipiente que habéis puesto en la base del horno, así se crea un golpe de vapor que es muy interesante para la corteza del pan. Bajad la temperatura un poco (por ejemplo 230º-220º) y cocinad el pan media hora, luego sacad el recipiente con el agua, bajad de nuevo la temperatura (esta vez a 200º) y dejadlo unos 20 minutos más. Pasado ese tiempo sacad la hogaza, ponedla sobre una rejilla para que se enfríe (suelo usar la del microondas) y... Vais a flipar!!!! 






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