sábado, 13 de junio de 2015

Batido verde (green smoothy) de espinacas, pera y plátano

Os contaba hace poco lo contenta que estoy con el descubrimiento de los batidos verdes. Hace muchos años que desayuno frutas y zumos, sobre todo entre semana, porque me levanto bastante temprano y, a esas horas, no soy capaz de tomar nada diferente (salvo uno o dos cafés :D). Así que no me ha costado trabajo incorporar los zumos verdes a mi desayuno, me zampo un par de vasos y la verdad es que me sientan de maravilla. Estoy haciendo diferentes pruebas, y hoy os cuento una que me ha encantado: mezclo en la batidora un puñado hermoso de espinacas crudas, una pera o un plátano (o, mejor, los dos), un puñado de semillas de lino, un golpe de canela, y agua fría.



A diferencia de las pruebas que he hecho de batidos verdes a base de perejil, este no lo cuelo porque, por alguna razón, no queda esa espumilla que me da tanto coraje. Os confieso que este batido verde me gusta incluso más que el de manzana y perejil, aunque intento ir alternándolos... En ambos casos, el resultado es que salgo de casa como una moto y dispuesta a comerme el mundo, ¡ah!, y sin sensación de hambre hasta la hora de almorzar. Una opción sana, rápida y práctica :)

lunes, 4 de mayo de 2015

Pan sin amasado


No sé yo si después de descubrir esta receta se van a acabar mis experimentos panarras... porque definitivamente es la manera más sencilla que conozco de conseguir, en casa, un pan delicioso (intenso, sabroso, resistente, con una miga estupenda) sin prácticamente trabajar nada. La culpa del posible fin de mis experimentos con el pan casero la tiene Alicia, la responsable de A mí lo que me gusta es cocinar, un blog que os recomiendo visitar porque tiene propuestas muy sencillas e interesantes. A mí me ha inspirado muchas recetas, y alguna os la he contado ya. Así que me fío de lo que allí se publica, pero reconozco que cuando leí esta entrada desconfié un poco, no me cabía en la cabeza que se pudiera hacer un buen pan sin amasar... pero os aseguro que si se juega con el tiempo y la fermentación larga, el pan se amasa solo. Literalmente. A partir de su receta he hecho algunas pruebas cambiado algunos detalles y el resultado es alucinante, así que os animo a todos los que le tenéis respeto a hacer pan en casa a que probéis así. Y a que luego lo contéis aquí, claro :)

La idea es empezar el día antes, pero sin complicarse demasiado la vida. Por ejemplo, si queréis hacer el pan por la mañana, la tarde-noche antes se prepara la masa: mezclad 300 grs. de harina panificable (si no la encontráis, usad harina de fuerza), 100 grs. de harina integral, una cucharadita y media de sal, una de levadura seca de panadería, y un puñado de semillas de lino. He probado a aumentar la proporción de harina integral (200 grs. + 200 grs. de la blanca) y también queda un pan muy rico. A la mezcla anterior hay que añadirle los líquidos: un chorreón de aceite de oliva (no es imprescindible, pero me gusta) y 300 grs. de agua. Luego se mezcla todo con una cuchara, sin demasiadas contemplaciones. Vais a obtener una masa bastante líquida (lleva un 75% de hidratación), aparentemente imposible de manejar... pero da lo mismo, os recuerdo que no hay que amasar :) Tapad el recipiente bien y dejad que la masa repose toda la noche, a la mañana siguiente veréis que está burbujeando y ha subido mucho. Si hacéis esta operación de día la masa debe reposar 12-18 horas, si jugáis con el reposo en frío dentro de la nevera, pues más tiempo. Ojo si el reposo es de día y hace calor... se os va. Esta receta requiere tiempo, así que si os da el punto de empezar por la mañana y es primavera o verano, hay que hacer una parte del proceso en la nevera. 




Enharinad la encimera y volcad la masa encima con cuidado, para no romper demasiado las burbujas; como está fermentada, os va a hacer falta ayudaros de algo, por ejemplo una espátula o, mejor, una rasqueta. Poneos también harina en las manos y, con cuidado, recoged los cuatro bordes de la masa hacia dentro, formando una especie de hatillo. Dadle la vuelta con cuidado (de manera que los pliegues queden debajo) y colocad el resultado sobre papel de hornear dentro de un recipiente cuyos bordes contengan en parte el invento, porque la masa es muy líquida y, si no, se aplana mucho (en la foto no se ve muy bien, pero he usado una rustidera mediana). 



Espolvoread por encima con más harina, cubrid con un trapo, y dejad reposar mientras preparamos el horno. Hay que precalentarlo al máximo (250º) metiendo dentro dos cosas: la bandeja del horno y, en la base de éste, un recipiente de metal, para que ambas cosas se calienten mucho. Cuando esté a tope colocad el pan con su papel de horno sobre algo que podáis usar a modo de paleta (yo suelo utilizar una tabla con mango) y depositad el pan y el papel sobre la bandeja con un movimiento firme. Inmediatamente, echad algo de agua en el recipiente que habéis puesto en la base del horno, así se crea un golpe de vapor que es muy interesante para la corteza del pan. Bajad la temperatura un poco (por ejemplo 230º-220º) y cocinad el pan media hora, luego sacad el recipiente con el agua, bajad de nuevo la temperatura (esta vez a 200º) y dejadlo unos 20 minutos más. Pasado ese tiempo sacad la hogaza, ponedla sobre una rejilla para que se enfríe (suelo usar la del microondas) y... Vais a flipar!!!! 






viernes, 24 de abril de 2015

Tortillitas de bacalao

O, si queréis, llamadlos buñuelos de bacalao... pero por aquí abajo es más habitual lo de "tortillitas". Se llame como se llame la idea es la misma: una masa a base de harina y agua, enriquecida con cebolla, ajo y perejil, con algún elemento que le dé nobleza (hoy bacalao, pero... la imaginación al poder), y con alguna cosa más ;D) Me gusta utilizar migas de bacalao y desalarlas (ya sabéis, 48 horas dentro de la nevera y en agua, cambiándola al menos tres veces), y picarlas (suelo usar el artilugio ese tan útil que viene con la batidora, pero igualmente se puede hacer a cuchillo) con la verdura y el perejil (¡mucho!!!!!) aunque sin insistir al picar, porque prefiero que queden trocitos de todo y encontrármelos luego ;D) ¿Cantidades? Ni idea, a ojo, pero a mí me gusta que haya aproximadamente la misma cantidad de bacalao que del resto (cebolla+ajo+perejil), aunque esto es una manía mía muy personal y, seguro, muy poco ortodoxa. Quizá deba haber más bacalao, pero... a mí me gusta así. A esa mezcla no le añado sal (por muy bien que se haya desalado el bacalao... nunca se sabe, y además siempre hay tiempo de rectificar luego) pero sí un golpe de preparado para paella (en vez de colorante alimentario sin más, al menos este tiene algo más de azafrán) o, mejor, cúrcuma. En ambos casos, lo añado por aquello del color amarillo tan agradable... Queda esto:


Luego añado harina y líquidos. ¿Que cuánta harina? Pues depende... desde luego mejor mientras más "condumio" haya en la masa, pero lo bueno de esta receta es que se puede alargar si a última hora hay comensales inesperados (¿a que a todos os pasado alguna vez?), porque añadiendo algo más de harina y líquido obtenemos algunas tortillitas más sin perder demasiado sabor. En cuanto a los líquidos, yo no uso huevo (ni tampoco ningún impulsor, como bicarbonato o levadura química, tipo Royal), prefiero añadirle un golpe de cerveza, y agua hasta lograr la consistencia que se quiera. Si lo que buscáis son buñuelos más enteros y redondos usad menos líquido, si preferís tortillitas más planas, pues más líquido. Jugad con la combinación que más os guste o que mejor os venga. Probad por si hiciera falta añadir sal, y listo.


Me gusta dejar esta masa reposando un rato y luego freírla a cucharadas en aceite de oliva bien caliente; antes suelo aromatizarlo con un ajo espachurrado con su piel. Ya sabéis que en este tipo de frituras la primera suele salir mal, pero luego... Cucharada a cucharada vais a obtener una auténtica fiesta de tortillitas deliciosas. Y a ser posible olvidaos del tenedor, ponedlas en un plato o una fuente al centro y que el personal las coja con los dedos... nada como comer con las manos :D

domingo, 5 de abril de 2015

Salteado de arroz integral con cúrcuma y verduras

Sigo (afortunadamente) con mucho trabajo pero teniendo que comer fuera de casa muchos más días de los que me gustaría :S Qué mal lo llevo... Como dice mi amiga Reyes, todo yin tiene su yan :) Así que cuando puedo darme el (¿lujo?) de comer en mi casa, sabiendo lo que me meto entre pecho y espalda, intento alimentarme con algo de sentido común. Lo bueno de la receta que os traigo hoy es que de una vez se puede hacer para varias veces y luego, con nuestro magnífico amigo el microondas, recalientas el asunto y tienes un plato sano y en condiciones para varias días. Aunque sea a la hora de cenar, y con un almuerzo cuanto menos sospechoso en la calle... 

El arroz integral ya se puede encontrar en casi cualquier supermercado, y es sanísimo y muy recomendable. Lo malo es que, a pelo, tarda muchísimo en cocer, pero si lo enjuagáis bien y lo dejáis en remojo al menos una hora para que se hidrate (como os he contado aquí) su preparación es más llevadera. Pero aviso que engancha: cuando empiezas a jugar con él ya no te gusta el arroz blanco común, más barato y fácil de hacer... Lo dicho, todo yin tiene su yan :D

Para este salteado he enjuagado e hidratado el arroz integral durante más o menos una hora, luego lo he escurrido, y lo he cocido en muuuuucha agua con sal, algo de perejil fresco, y un par de cucharadas de cúrcuma (en parte por el color que deja, y en parte por las muchísimas propiedades que tiene). Cuando el arroz estaba un poco antes del dente lo he apartado, lo he colado para eliminar toooooda el agua que sobraba, y lo enfriado para cortar la cocción. La otra posibilidad es cocerlo en el agua justa (doble de volumen después de hidratarlo) pero queda más apelmazado y compacto por el almidón y la fibra, ideal para una guarnición (sobre todo si tiene mucho ajo y verduritas) pero no tanto para saltearlo, porque para esto nos interesa más suelto.


Mientras se hacía el arroz he atracado la nevera y he troceado en burunoise muchas (no todas) de las verduras que he encontrado: ajo, cebolla, zanahoria, pimiento verde y rojo, y unos champiñones. También unas estupendas hojas de espinaca fresca, que no merecía la pena trocear porque vienen muy pequeñas y, al cocinarlas, se quedan en nada. He puesto todas estas verduras a hierro en un wok, primero las más duras y, luego, las que tienen menos cochura (el ajo, los champis y las espinacas) a fuego muy fuerte. Sólo he añadido un pelín de pimienta negra recién molida y un golpe de sal gorda. Como todas las cocciones en wok, la idea es jugar con un "fuego" bastante fuerte y mucho meneo de cuchara, para que la verdura se medio-haga rápido y quede al dente. 




Luego he añadido el arroz muy bien escurrido, un par de meneos más y, ya fuera del calor, he rematado con un buen chorreón de salsa de soja. No me preguntéis porqué, pero este detalle es importante: si echáis la salsa de soja "al fuego" en vuestras preparaciones el sabor que queda es completamente distinto, se medio-arrebata, no queda igual de bien. Lo suyo es añadirla al final y con lo que sea caliente pero fuera de la fuente de calor. ¿Por qué? Ni idea... pero os aseguro que es así.

El resultado es un arroz muy sabroso y de inspiración medio-oriental, salteado sobre muchas verduras. Riquísimo, o al menos a mí me lo parece. Ya me contaréis (espero). 
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