lunes, 21 de marzo de 2011

Tortilla de berenjenas, cebolla y pimiento verde

Qué rica la tortilla para cenar ¿verdad? Bueno, la tortilla se agradece en cualquier momento del día, pero yo tengo debilidad por tomarla en la cena, probablemente porque así me estrené en los fogones. Mi abuelo Mariano era muy rutinario, muy de costumbres fijas (algo de eso he heredado yo, la verdad sea dicha), y le gustaba cenar siempre lo mismo: sopa de puchero, tortilla a la francesa y un plátano. Y cuando digo siempre, quiero decir literalmente eso, siempre. Así que mi abuela Carmen le hacía todas las noches una tortilla a la francesa. Uno de mis primeros recuerdos en la cocina, muy pequeña, es ver a mi abuela cuajando una tortilla, llegó un momento en el que me dejó echarle la pizquita de sal, luego fuí subiendo enteros y me gané el privilegio de batir el huevo (todavía recuerdo cómo me explicó que no se le da la vuelta en círculos, sino que se bate) y, al final, y bajo su atentísima mirada, cuajé una tortilla y, así, cociné por primera vez. Os parecerá una chorrada pero, para mí, tan pequeña, fue emocionante. Así que hacer tortilla para cenar me trae olores y sensaciones muy entrañables.

A lo que iba, que hoy me he hecho (para cenar :D) una tortilla con una berenjena bien hermosa, media cebolla y medio pimiento verde. Lo primero que hay que hacer es trocear las berenjenas y dejarlas reposar en agua con mucha sal, para que pierdan su amargor característico. Y cuando digo mucha sal, digo muchísima sal. Las he tenido reposando media hora (mientras hacía otra cosa para almorzar el día siguiente, que ya subiré en la próxima entrada) y, pasado ese tiempo, fijáos cómo se ha quedado el agua de oscura: suele pasar, y lo único que significa es que la berenjena ha soltado el punto ese amargo que tiene muchas veces y que, si no se lo rebajas, te fastidia cualquier cosa que hagas con ella.

Luego he escurrido y enjuagado muy bien las berenjenas, y las he mezclado con la cebolla y el pimiento troceados, he añadido un golpe de pimienta negra recién molida y un chorreón de aceite. Me gusta mucho pocharlas en el microondas (rápido, cómodo, permite usar poco aceite y así la berenjena no se queda pringosa) y luego dar un último golpe de calor en la sartén. Han estado 4 minutos, las he removido un poco, y luego 4 minutos más. Aquí tenéis el resultado a la salida del microondas y después del toque de sartén. Ya sólo queda echarle un par de huevos (literalmente :D) a esa mezcla, no sin antes comprobar cómo está de sal (os recuerdo que no hemos añadido nada, porque las berenjenas lo absorven todo y pueden haber quedado saladas), si hace falta, rectificar, y cuajar la tortilla.

Una receta sencilla, exquisita, sana... y que me recuerda a mis abuelos. Estupenda cena!

2 comentarios:

  1. ¡Qué pinta, XD!. Esto tengo que hacerlo yo. Ummmm. Enka

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  2. Querida Susana, esta tortilla es un acierto, la primera vez la hice solo para mí, porque no son en casa muy berenjeneros, pero mira por donde quedó un buen trozo y me fui unos días, cuando volví mi hijo (que odia las berenjenas) me preguntó de que era la tortilla que estaba tan buena y acordándome de Sabina y como madre deseando que siga disfrutando de algo que solo le gusta si no sabe lo que es "le dije una mentira piadosa". Todas las ventajas, sencilla de hacer, no ensuciamos nada, vale para dietas, barata y por último a quien no le gusta este vegetal basta con una mentira piadosa para que pueda disfrutarla. Saludos Rosario

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