Mostrando entradas con la etiqueta Invitados. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Invitados. Mostrar todas las entradas

domingo, 18 de junio de 2017

Ceviche peruano (by Margarita Córdoba)

Desde que lo probé (muy tarde, pero más vale así si la dicha es buena) tengo debilidad por el pescado crudo. Cuando me quiero dar un homenaje suelo tirar del recurso fácil de la cocina japonesa (mmm...), pero la opción latinoamericana del ceviche me viene interesando cada vez más. En realidad el ceviche no es pescado crudo en un sentido estricto, porque lleva un rato de maceración en un cítrico (normalmente limón o lima) que, en parte, lo "cuece". Pero, acostumbrados como estamos en España a tomar el pescado (casi exclusivamente) frito o al horno, al paladar el ceviche nos parece pescado crudo, aunque en realidad no lo sea. El caso es que me interesa y me mola, y reconozco que que solía disfrutar como "ceviche" en bares y restaurantes españoles lo que me ponían (y siguen poniendo), básicamente pescado y alguna que otra cosa, con limón y perejil. Y me gustaba, de hecho. Pero claro, como suele suceder, el conocimiento estropea muchas cosas... cuando probé #cevichedeldeverdad se me cayeron los palos del sombrajo. Ya no me mola lo que habitualmente ofrecen como ceviche en muchas cartas de muchos bares y restaurantes, porque ya sé, de primera mano, que no lo es.

La culpa de esta deliciosa decepción la tienen mi amiga Margarita y su cuñada Carolina. Marga descubrió el ceviche directamente en Perú con ocasión de la boda de su hermano Paco con Carolina, y ella le enseñó la receta básica y pata-negra. Desde entonces las dos se las agencian para conseguir en España los ingredientes básicos menos habituales aquí, y se ponen tibias de #cevichedeldeverdad fuera de Perú. Como además de muy buena cocinera (y, por cierto, mejor repostera, pero de eso ya hablaremos otro día) Marga es muy generosa, organizó hace poco una sesión de showcooking monográfica de ceviche en su casa para la que esto escribe y para Diego, el responsable de La Bohemia (c/Garcí-Fernández, 5), un estupendo restaurante de Huelva. La carta de La Bohemia tiene vocación tradicional y también de vanguardia, es una propuesta original pero a partir de productos locales, que ellos tratan con mucho sentido común. Vamos, una visita recomendable si aterrizáis por Huelva. El caso es que nos juntamos los tres en casa de Marga, y nos preparó el ceviche protagonista de este post. Ella hizo obviamente de cocinera y Diego se encargó de las fotos; hay que decir que andaba estrenando cámara y las fotos que hizo y acompañan a esta entrada no salieron muy allá... Ya las arreglaremos ;) Por mi parte, en esta ocasión levanté las orejas y abrí muy bien los ojos, pillando todo lo que podía, y tratando de calmar mi desasosiego: no estoy acostumbrada a que se cocine delante mía y no enredar...

Marga es tan generosa que me ha preparado un texto con la receta escrita que, casi literalmente, os transcribo a continuación. Digo casi porque en su casa no pude cocinar, pero claro, aquí algo de mi cosecha sí que he metido... ;) Os reproduzco aquí el texto de Marga con mis comentarios aquí y allá, pero cambiando el formato de letra para que podáis diferenciarlos de la receta original de Marga (y Carolina, claro) que es la que vale. El resultado que nos zampamos aquel día es una delicia que ha estropeado sin remedio mis incursiones en las cartas españolas que ofrecen por "ceviche" casi cualquier cosa. Que no está mal, pero NO es ceviche. Y lo sé gracias a Marga :) Amiga, gracias por tu receta, por la excelente velada, pero sobre todo gracias por ser como eres :*


En el año 2000 cuando estuve en Perú descubrí este maravilloso plato. Me fascinó. Raro era el día que no caía uno. Aprendí a hacerlo (contaba con una excelente maestra, mi cuñada). Desde entonces deleito habitualmente mi paladar con semejante manjar. El ceviche es el plato emblema y estrella del Perú, y aunque otros países sudamericanos reclaman la autoría del ceviche como propia (Venezuela, Chile…), creo que por lo rico que está intentan aprovecharse de ello, pero lo cierto y verdad es que todo el mérito se lo tenemos que adjudicar a Perú. Este plato demuestra la influencia del gran número de japoneses (en Perú los llaman chinos) que de antaño se instalaron en el Perú, por lo que es de justicia reconocerle todo el mérito a este país, puesto que es de donde es originario.

INGREDIENTES:
  • Pescado: Debe ser blanco y con cuerpo: pez rosado, corvina, bacalao fresco… Al pescado o pescados que elijamos se le puede añadir marisco (gambas, langostinos), y también pulpo cocido, almejas, mejillones,… (los bichos con concha si disponemos de utensilio para abrirlos lo ideal es que sean vivos, si no es posible les damos un toque de calor (al vapor o microondas) suficiente para abrirlos. Fundamental que sea un pescado de excelente calidad, igualmente el marisco y moluscos que utilicemos. Si el pescado es fresco debemos congelarlo por aquello del anisakis.
  •  Cebolla morada (Gastronofilia añade: que no, que no es cuestión solo de color; NO VALE la cebolla blanca, tiene que ser morada).
  • Lima: Actualmente no tenemos problemas para encontrar limas, pero en caso de que no dispusiéramos de limas podemos utilizar limones. Si utilizamos limones conviene dejar macerar el ceviche de 30 a 45 minutos para que el limón cure el pescado. Pero, como no hay problema para encontrar la lima, es preferible usar ésta al limón. Hay diferencia y el resultado merece la pena.
  • Culantro (Gastronofilia añade: así llamamos por aquí al cilantro): Por supuesto fresco, y la generosidad depende del gusto (como a mí me encanta pues soy muy generosa con él).
  • Ají rojo o rocoto: Son pimientos picantes potentes. El ají es alargado y el rocoto redondeado. La cantidad depende de lo que a cada uno le guste el pique y lo que pueda soportar (si también añadimos las pepitas el pique hará que se caigan dos lagrimones (Gastronofilia añade: os JURO que esto último es verdad)Este quizá sea el ingrediente más difícil de localizar, pero lo podemos buscar en tiendas que vendan productos de comida china, japonesa o sudamericana. En caso de que no lo encontremos podemos sustituirlo por cayena (la de Hacendado estupenda). La cantidad, pues lo dicho, depende del gusto y tolerancia a los sabores picantes. (Gastronofilia añade: a ver, que cada cual haga lo que quiera. El ceviche debe de picar -le da un punto exquisito-, pero en mi opinión un pique excesivo mata por completo el sabor de todo; y con el rocoto hay que tener mucho cuidado).
  • Pimienta negra recién molida.
  • Ajo.
  • Sal.
  • Ajinomoto: Así lo llaman los peruanos. Es glutamato monosódico, un sazonador que le da al ceviche un puntazo y equilibra toda la mezcla de sabores. (Gastronofilia añade: literalmente cierto. Yo escuché lo del ajinomoto con bastantea cautela, pero tiene un sabor muy peculiar que, ciertamente, le va de lujo al ceviche. No es demasiado complicado de encontrar, y creo que es necesario para este plato).
  • Choclos: Es un maíz grandote de color blanco. Aquí no lo tenemos, o al menos yo no lo he localizado. En su caso podemos utilizar maíz normal de lata.
  
PREPARACIÓN:
El pescado seleccionado se trocea en dados pequeñitos, se le añade las gambas o langostinos pelados, y lo que queramos de concha. Se le añade la cebolla cortada en juliana y el culantro picado. (Gastronofilia añade: esta vez, el tamaño sí que importa. El pescado tiene que trocearse pequeño porque debe "cocerse" con la lima en relativamente poco tiempo, pero tampoco vamos buscando un tartar... En las fotos de más abajo podéis ver el tamaño que propone Marga).



En un mortero se echa la sal, el ajo, la pimienta recién molida, el ají (rocoto o cayena) y el ajinomoto, y todo bien majado se le añade a la preparación anterior. Esto se puede hacer también en batidora, pero a mí me gusta darle al mortero.


(Gastronofilia añade: esto es un rocoto, chiquitito pero os aseguro que matón).


Se exprimen las limas (Gastronofilia añade: muuuchas limas, véase la foto...), y el zumo se le añade a todo lo anterior hasta cubrir todo el pescado. Se le da un meneíto para que se mezclen adecuadamente todos los ingredientes y se deja reposar un ratín. Y a disfrutar… El ceviche se sirve acompañado de maíz (choclos).


(Gastronofilia añade: Ya sabía que el líquido que resulta de la maceración anterior se llama leche de tigre, pero Marga me explicó que en Perú se toma aparte del ceviche, en un vaso. Os aseguro que es una delicia, sobre todo si la preparación anterior está bien despachada de culantro).

domingo, 4 de septiembre de 2016

Tarta arcoiris (by María Menéndez D-A)

Cuando hace poco os contaba los progresos culinarios de mis pinches favoritas ya os avanzaba que, en los años que hay entre las dos entradas, la mayor de mis sobris ha salido repostera y os prometía un mano a mano con ella. La verdad es que me viene bien que a María le haya dado por ahí, porque aunque como sabéis los dulces o son lo mío, su afición es una excusa para compartir ratos entre fogones (y ver y comentar recetas y vídeos) con ella. Pero claro, la tía ya me supera de lejos preparando este tipo de cosas (yo no paso de las sopaipas y el bizcocho de zanahoria y nueces), así que cada vez más nuestras conversaciones gastronómicas tienen que ver con que ella me cuente detalles y trucos y yo aprenda de ella en vez de lo contrario, que sería además de lo más natural lo que me daría más gustito... Porque María tiene apenas 13 años pero ya me da mil vueltas cuando se mete a hacer dulces y, en ese tema, es mi maestra en vez de mi aprendiz. Y... me entendéis ¿verdad?... Pero bueno, es lo que tiene hacerse mayor... ;) La receta que ella ha elegido para estrenarse como invitada de lujo en Gastronofilia es una tarta arcoiris inspirada en la de Alma Obregón pero con los inevitables cambios y atajos (menos mal, algo ha aprendido de mí). Hay que reconocer que el aspecto final de la preparación no se corresponde con lo buena que salió, pero la culpa como luego os contaré es solo mía. Pero la tarta en sí misma (que estaba riquísima), y el magnífico rato que echamos juntas con alguien más que se apuntó, están cargados de magia y alegría, así que os cuento en esta entrada lo que hicimos (bueno, lo que hizo María con la ayuda de las demás) ante mi sorpresa... porque hay que ver lo que sabe ya de cocina (repostería en este caso). Lo dicho, me hago mayor ;)

La cosa parte de hacer una masa de bizcocho para luego repartirla en varios (cuatro) recipientes, teñirlos con colorante de cocina (:S), y hacer varios (cuatro, en nuestro caso) bizcochos para montar la tarta final. La masa inicial se compone de 250gr. de harina de repostería tamizada, lo mismo de azúcar, 2'5 cucharaditas de levadura de mentira (impulsor tipo Royal), 250 ml de aceite de girasol, un pelín de extracto de vainilla y 5 huevos. Todo eso se bate a conciencia y se reparte proporcionalmente en varios recipientes según el número de capas que vaya a tener la tarta (Alma Obregón lo hace con cinco, nosotras atajamos a cuatro).



La idea luego es teñir cada masa de un color distinto. Para eso María nos dijo que había que depositar en la masa un pelín de colorante alimentario del color que fuera y batirlo.




Nosotras hicimos esa operación (:S) como pudimos, y ahí creo que pudo más mi reticencia a lo del colorante y recomendé poner poco... el caso es que los cuatro bizcochos (que estuvieron en el horno algo menos de media hora, de dos en dos, a algo menos de 200º) quedaron esponjosos y estupendos... pero con el color más bien suave... vamos, menos vistoso. Pero con menos química ;)  


Aquí tenéis a las orgullosas reposteras con su resultado (insisto en que el color tan suave tiene que ver con el único punto de la receta en el que yo me metí, obviamente de manera errónea): María con su prima Nana Serrrano A-D, que desde hace varios años se apunta a un bombardeo cada vez que decidimos cocinar, porque también le gusta el asunto. Participó en el proceso como una campeona, atenta a las indicaciones de su prima (que era la que mandaba aquel día) y haciéndolo todo la mar de bien. Otra que apunta maneras :)   


Pero en la casa de la playa somos muchos y, cuando hay alguna batalla divertida trasteando en la cocina, siempre se agrega alguien de los peques :), Así que aunque la idea inicial era que la receta fuera dirigida por María con Nana de pinche y yo de fotógrafa, mi otra sobri Blanca Menéndez D-A (sí, la que liaba albóndigas conmigo en el post de hace varios años) se apuntó a mitad de la jugada y aquí la tenéis con sus dos compis de fogones, presumiendo todas de la primera parte del resultado.


La siguiente parte de la receta consiste en montar la tarta, poniendo entre las capas de bizcocho y alrededor del resultado final crema de chocolate. Ahí a María le volvió a salir el punto fullero -insisto, en algo se le tiene que notar su escuela ;)- y tiró de Nocilla para abreviar. La ayudaron sus dos pinches, y yo fotografié el proceso y el resultado final.







Lo de menos es la tarta (que, en cualquier caso, quedó muy rica y duró dos segundos). Lo de más es que, poco a poco, están saliendo cocineras, que hacemos cosas juntas, y que estoy feliz con eso. Igual de aquí a un par de años os sorprendo con un par de entradas en las que ellas os dejen (nos dejen) con la boca abierta. Parece que la cosa promete... ¿no?

Aprovecho para comentaros que voy a estar un tiempo (espero que no mucho) sin publicar nada y sin comentar las entradas de los diversos blogs que sigo. Todo tiene su tiempo y su momento, y hay momentos de la vida que requieren su tiempo. Y ahora necesito algo de tiempo y de momentos para mí. Espero volver pronto. Un fuerte abrazo a tod@s!!!!!

sábado, 23 de enero de 2016

Empanada de jamón y queso (by Carmen Menéndez D-A)

¿Os acordáis de mis pinches favoritas? Hace ya varios años que os hablé de ellas y del placer de enseñarles a cocinar. Carmen es la que aparece en las primeras fotos de ese post, amasando y luego cerrando con un tenedor muy concentrada unas empanadillas de puerro, espinaca y queso feta. Unos años después  (a punto de cumplir 11 años) sigue siendo igual de pertinaz y seria, se sigue concentrando divinamente en lo que le interesa, le sigue yendo igual de bien en el colegio... y afortunadamente se le ha pasado el interés por los videojuegos y, a cambio, cada vez le gusta más leer :) Y lo mejor de todo es que, como a sus hermanas, le sigue molando esto de cocinar. Hoy quería hacer una sencilla empanada de jamón y queso, y cuando (ingenua de mí) le propuse que me ayudara dijo que ni hablar, que la empanada la iba a hacer ella sola. Y así ha sido (exceptuando la bechamel que he preparado yo). La receta no tiene ninguna complicación y probablemente no os contamos nada nuevo, pero me encanta que mi sobrina sea hoy la flamante invitada de este blog. Y, como os podréis imaginar, sobre todo me encanta que ella y sus hermanas sigan enganchadas a los fogones :)

Como siempre, hemos utilizado masa de hojaldre para hacer esta empanada (sigo pensando que la del Lidl es la mejor con diferencia). Sobre ella Carmen ha colocado una base de jamón de york, luego una capa de bechamel, una de queso (tiene que fundir bien, hemos usado un gouda), y otra de jamón.





Ha cerrado la empanada con otra placa de hojaldre, rematando los bordes con un tenedor, ha pinchado la superficie para evitar que se abombe durante la cocción, la ha pintado con huevo batido, y... al horno (precalentado a 200º) hasta que se dore.





Ha salido esto, fijaos el corte.



Carmen se está decantando por la cocina salada, pero su hermana María (que en el post liaba croquetas) nos ha salido repostera; en cuanto pueda prepararé una entrada con ella para mostraos alguna de las muchas delicias que prepara. Blanca (la que daba forma a las albóndigas como nadie con escasamente cuatro años) también sigue cocinando, y junto a su hermana Reyes (que entonces era un bebé) ayuda a su padre cada vez que puede a hacer pizzas y ensaladas. Vamos, que lo que entonces prometía parece que sigue avanzando... y yo feliz :)

martes, 6 de enero de 2015

Migas con chorizo (by ACA-D)

Ya sé que, tomadas con frecuencia, son muy calóricas y poco recomendables para los que no hacemos trabajos físicamente duros, pero es que tengo debilidad por las migas... Bien hechas (jugosas pero no secas y muy sueltas, con su correspondiente metralla, osea, con grasa en condiciones y los tropezones convenientes) son, creo yo, un manjar muy poco valorado. Como con tantas otras cosas, tendremos que esperar a que venga de fuera un extranjero con una cabeza bien amueblada, las ponga en valor, las venda como churros (por cierto, ya está pasando con estos) fuera de España, y se cubra de gloria... y nosotros sin enterarnos de nada y con cara de póquer... Siempre nos pasa lo mismo. Y así nos va... :/

Yo creo que a las migas les pasa, en parte, lo mismo que al gazpacho: hay miles de variantes y en cada sitio se hacen de una manera. He probado todas las que he podido y lo pienso seguir haciendo mientras el cuerpo me aguante. Pero las de harina... no me terminan de convencer. Las que me gustan son las migas de pan, aprovechando los restos del ídem, y mientras más metralla (chorizo, panceta, pimiento frito...) lleven, mejor. Lo que pasa es que, siendo aparentemente muy simples y sencillas de hacer, las migas tienen su miga... yo creo que no es fácil darles el punto que tienen que tener. Ya os digo que he probado muchas, pero pocas como las que hace mi primo Antonio Cadillá (ACA-D), un cocinillas al que quiero mucho y del que ya os he hablado en alguna ocasión (por ejemplo aquí o aquí). A ACA-D las migas le quedan como tienen que quedar: sueltas, sabrosas, jugosas... Y el tío se empeña en quitarle mérito al asunto (siestoesmuysimple, enrealidadestonotieneciencia), pero lo cierto es que el muy..... las borda. Este 1 de enero, pasando el Fin de Año juntos con mucha más familia (:D), decidió que arrancáramos el año con unas migas con ajo y chorizo. Lógicamente me pegué a él como una lapa, preguntando y haciendo fotos como una loca para intentar pillar lo que pudiera de un asunto que, como os digo, merece la pena. En esta entrada voy a tratar de contaros lo que vi ese día; es decir, el post es mío pero la receta de ACA-D. En resumen, las quejas y los comentarios "puristas" sobre las migas me los dirigís a mí (que probablemente no he sabido trasladar lo esencial del asunto), pero las alabanzas a esta delicia, que seguro que no serán pocas, deben ir dirigidas a ACA-D, que es el auténtico responsable de esta receta. 

Según los puristas las migas sólo se deben hacer con pan de miga dura que tenga varios días de asiento, y solo deben cortarse a cuchillo, "desmigando" la hogaza con mucha paciencia... ACA-D lo que hizo es "reciclar" el pan de varios días de su casa (tuviera el pan que tuviera -bollos, vienas...- y estuviera como estuviera -uno, dos, tres días...-) y darle unos golpes a hierro en la Thermomix. Y con ese resultado se vino al Rocío a pasar el Fin de Año, para hacer el día 1 de enero estas migas :) Lo que sí es verdad es que había acumulado migas de pan para un regimiento, aquí veis lo que se trajo... También le veis mojando el asunto con agua que antes había mezclado son sal; la idea según él no es empapar mucho las migas sino humedecerlas para que se puedan trabajar (pensad que estamos hablando de pan duro o medio-duro que se va a cocinar durante bastante rato). Un puntito, vamos.



Seguimos con los previos. El medio no es baladí: lo suyo es hacer las migas en una perola hermosa, con un buen fondo de aceite de oliva virgen extra. Por cierto que, en esta ocasión, las migas fueron una batalla comunitaria en la que el que se acercó a la perola tuvo que currar... Para empezar aquí veis a mi Tío Antonio A-D metido en harina, ayudando al cocinero a encender y cuadrar la perola. 


Ya sabemos que las migas llevan muuuucho condumio y la metralla grasienta que se tenga (chorizo, panceta, morcilla...), pero hay un previo muy importante que merece atención: ajo. Pero mucho ajo. Y nada de chorradas de pitiminí: el ajo entero, machacado con su piel y con la parte plana del cuchillo, como debe de ser. Ese ajo hay que echarlo en la perola para que se haga y, de paso, aromatice el aceite: despacio, sin prisas, meneando el asunto...






Mientras tanto (o mejor antes) hay que preparar el condumio. Tal y como yo lo veo mientras más haya (pimiento, panceta, morcilla...) mejor, pero en este caso tiramos de un magnífico chorizo, nada más. Y nada menos. En línea con lo que antes os contaba (el que se acerque, curra) apareció Gonzalo CA-D (que también ha salido por aquí alguna vez) y lo pusieron a preparar el chorizo...


Cuando los ajos estaban algo tostados pero aún no hechos del todo, ACA-D los apartó a los lados para hacerle sitio al chorizo que venía... La idea es que los ajos se cocinen a su ritmo y a su manera, pero que el chorizo tenga el mismo tiempo y el mismo derecho. Pensadlo: si con el ajo listo y perfecto se añade el chorizo (o lo que sea con grasa: panceta, morcilla...) probablemente el ajo se arrebate. Es una buena idea esta de ponerlos en los laterales, y mientras dejar que lo que sea se cocine en medio y mezclarlo luego...  



Cuando el asunto esté como tiene que estar (en este caso el chorizo y el ajo) hay que apartar ese lío a otro recipiente para, sobre el aceite y el veneno que han quedado, seguir trabajando las migas.  


Hay que echarlas en la perola, sobre la grasa que ha quedado del paso anterior...

Y lo que queda ahora es trabajar, trabajar y trabajar. Darle muchísimos meneos a las migas, sin prisas, pero sin parar. A fuego medio (cuidado si en una de las vueltas os sale la base de las migas muy tostada, vamos mal), meneos y más meneos.... Si en una parte del proceso veis las migas secas y aún crudas (pellizcad y probad), hay que añadir un golpe más de agua con un poco de sal y seguir meneando y meneando... Si están (pellizcando y probando) aún húmedas significa que hay que seguir meneando y meneando...

En esta parte del proceso ACA-D implicó a todo el que se acercó a mirar... ¿Te gusta el tema? Pues ven aquí y da unas vueltas... Pringaron/pringamos, que yo recuerde, además del autor de esta receta y yo misma, mi Tío Antonio A-D, mis primos Fernando Serrano, Susana Puente Guisado, Gonzalo CA-D, y mi Tío ACZ... Lo dicho, el que se acercaba... colaboraba :) 






Lo que quedó, después de tanto meneo y tanta vuelta de tanta gente, fueron estas magníficas migas con ajo y chorizo. Algunos optaron (con buen criterio) por cubrirlas con un huevo frito (en aceite de oliva, y hecho en la misma sartén en la que habían hecho las migas); otros preferimos degustarlas tal cual, sin pensar en nada, solo en lo riquísimas que están y en lo injustamente poco valorado que está este plato... Cuando se enteren los yanquis... ;)


domingo, 6 de abril de 2014

Flan (salado) de calabaza (by Cristina Nunes)

Hace ya unos años que conocí a Cristina Nunes por asuntos de trabajo y, con el tiempo, se ha acabado convirtiendo por su buen talante en otras muchas cosas (una estupenda compañera con la que da gusto compartir trabajo, viajes y estancias en otros centros, descubrir restaurantes y tiendas...). Pero lo que me interesa destacar aquí y contaros a vosotros es que Cristina es una excelente cocinera y una magnífica compañera de fogones. Me siento muy cómoda con ella en asuntos de gastronomía porque nos gustan las mismas cosas y somos igual de frikis de todo lo que rodea a este mundillo; es la única persona con la que no me siento culpable al entrar en una tienda de cachivaches de cocina porque tengo la seguridad de que, como a mí, le va a encantar pasarse 3298479587 horas dentro trasteando y curioseando. Hace poco pasé unos días con ella y Mariano, su marido, en su magnífica casa en el sur de El Algarve: la excusa eran líos de trabajo pero, claro, aprovechamos para cocinar bastante. Hicimos entre otras cosas croquetas, varios panes, una pasta con setas italianas que todavía me emociona al recordarla... y este flan de calabaza que os cuento hoy. En un viaje a Venecia Cristina y Mariano, por recomendación de un amigo, fueron a la Osteria La Zucca y fliparon con el sitio y, especialmente, con este plato. Al parecer el flan di zucca es una de las ofertas estrella de la carta de este restaurante vegetariano, de hecho si miráis en su menú es el primer plato que aparece, por algo será. Con motivo del aniversario de este local sus responsables difundieron la receta de este plato y Cristina la ha localizado y la ha hecho varias veces, la última cuando estuve en su casa. Aún no la he repetido (ya sabéis, seguro que la tunearé....) pero no he querido dejar pasar tiempo sin contaros la versión original de esta maravilla sana, deliciosa, y muy fiable si queréis dejar sin habla a quien tengáis en vuestra mesa. 

En esta ocasión solo de sido observadora curiosa y fotógrafa de los pasos de la receta; intentaré transmitirla con toda la fidelidad de la que sea capaz, de hecho hasta voy a dar cantidades más o menos exactas, que ya sabéis que no es lo mio. Al César lo que es del César, aunque os comentaré algunas dudas que me surgen... Espero vuestras respuestas y, muy especialmente, las de Cristina, que es la protagonista de este post :)

La cosa parte de un puré hecho a base de rehogar 1 Kg. de calabaza en trozos en mantequilla con un golpe de pimienta negra y sal; si queda espesa se puede y se debe que añadir un poco de leche. Cuando todo esto ya ande como debe de andar (blandito, casi hecho) se pasa por un pasapurés, se incorpora un poco de canela molida y otro poco de nuez moscada, y se deja enfriar.





(Por cierto, no se ve en las fotos pero no me queda más remedio que contaros que la cocina de Cristina es la envidia de cualquier cocinillas: grannnnde, con techo alto, muchas ventanas que dejan entrar la luz del sur de Portugal y dan a un campo repleto de naranjos y limoneros... y en esta cocina hay incluso una chimenea!!!!)
   
A este puré ya frío se le añaden 250 gr. de mascarpone, 80gr. de almidón de patata y 4 huevos enteros, de uno en uno, y despacio. Y ahora me entrometo en la receta, que para algo este es mi blog. a) ¿No se podría sustituir con otra cosa el almidón de patata? Al menos yo no suelo tenerlo en casa... ¿valdría maizena, por ejemplo? ¿O una o dos papas cocinas y desmenuzadas???? b) ¿Por qué los huevos de uno en uno y despacio, si el puré ya está frío? Es lo que dice la receta original, pero...


Luego se prepara (con mantequilla y pan rallado) un molde rectangular, se vierte la mezcla en él, y se cocina al baño de María en el horno precalentado a 180º durante algo más de 1 hora, lo típico, hasta que al pincharlo con una aguja ésta salga limpia.



Solo queda dejarlo reposar unos 15 minutos, desmoldarlo y, tal cual y aún calentito, cubrirlo de queso rallado (a ser posible ricotta curado pero, como no lo encontramos ni por aquí ni por Portugal, Cristina sugiere un buen queso que sea cremoso pero también sabroso y que funda bien), semillas de calabaza previamente tostadas (esto es indispensable, qué ricas... me comí la mitad mientras reposaba el flan ;D) y hojas de salvia rehogadas un pelín en mantequilla.

    
No os hacéis una idea de lo buenísimo que está este flan salado de calabaza. Como os decía antes es una receta infalible para dejar sin habla a los comensales, así me quedé yo cuando la probé :)
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...